domingo, 6 de diciembre de 2015

Tesis doctoral. Quinta Instancia Cognitiva. Consideraciones Reflexivas



QUINTA INSTANCIA COGNITIVA

CONSIDERACIONES REFLEXIVAS

El transitar investigativo sobre la praxis en la alta gerencia de las empresas de servicios del estado Lara, en el contexto socio económico venezolano, abordado con los lentes del enfoque cualitativo desde el paradigma interpretativo, posibilitó la inmersión intelectiva en la dialéctica de las dimensiones micro y macro de la economía, con sus complejos bucles recursivos, de incidencias en lo social, empresarial y personal, visto desde la cosmovisión de los actores sociales, quienes han participado en la construcción de sus embarcaciones organizacionales, y continúan asumiendo el timón, en su pretensión de navegar con éxito a través de un período especial de la contemporaneidad venezolana, cargado de significancia en lo ético, ideológico, político, económico, social y cultural, todo lo cual ha incidido en la emergencia de escenarios gerenciales que tradicionalmente habían sido de poca consideración, empero, ahora vienen a permear el pensamiento y acción de los sujetos en estos ámbitos, para reenfocar el viaje hacia territorios exitosos e ideológicamente solidarios, desde las siguientes reflexiones:
La esencialidad con respecto al acto social que significa el hacer gerencia desde el Ser, es una búsqueda interior de coherencia y legitimidad que se manifiesta en actuaciones propias del liderazgo del servicio, el desarrollo de competencias y habilidades como estilo de vida, las relaciones laborales consensuadas como estrategia de participación a puertas abiertas entre los accionistas-gerentes y el capital humano, así como la articulación de la visión organizacional, que permite el análisis y la actuación sobre las brechas existentes en ese trajinar desde la situación presente hacia la realidad anhelada, lo cual configura una resignificación de lo real, en tanto ésta se desconfigura a un ritmo menos previsible, coadyuvando el asomo de la reconstrucción conceptual que la investigación ha propiciado a través del apoyo de los procesos reflexivos, críticos y compartidos, para situarse en un espacio-tiempo que es relativo a su hacer, en la intención de proponer nuevas fronteras constructivas, que asomen de una reorganización permanente desde la dinamicidad, la apertura a la distorsión, lo incierto, para abrirse a otras realidades, diferentes y novedosas, para organizarse permanentemente en ellas con criterios de sustentabilidad, viabilidad y solidaridad.
Así, el Ser gerente que despunta de los actores sociales, le confiere valor al capital humano en su faceta intelectual, profesional y personal, lo que insta al respeto a la dignidad por su condición de semejante, para ponderarle como el eje central de las organizaciones, lo que contribuye en hacerlas más humanas. De allí, las inversiones en programas de constante capacitación para empoderar al personal en el ejercicio de sus roles, propiciando la competitividad, el sentido de pertenencia, el desarrollo personal y la atención al ambiente laboral. Por ello, las políticas de remuneración que vinculan los resultados que se obtienen con el otorgamiento de paquetes competitivos en aras de motivar y conservar el personal, brindar un servicio de calidad y dar garantía a los empleados sobre la continuidad de las operaciones.
Es así que, los actores sociales valoran el ejercicio decisorio desde la alta gerencia, al exhibir la validación de ideas y propuestas en ambientes propios de gobierno corporativo, con uso de normas parlamentarias que facilitan el consenso de los disensos sin mayores demoras ni derroche de recursos. Por su parte, desde la gerencia media hasta el nivel operativo se adoptan modelos de gestión participativa, donde el personal aporta tanto resultados en el cumplimiento de sus roles, como ideas que permiten el mejoramiento de los procesos y/o de las condiciones de trabajo, articulándose un círculo virtuoso ganar-ganar, en el que las representaciones gerente-empleado resultan beneficiadas al vincularse mutuamente en estrategias de gestión que configuran un ejercicio solidario de inclusión, cohesionando la organización en torno a propósitos compartidos que se manifiestan en el conocimiento de las realidades de los actores sociales y del talento humano, para confluir en la intencionalidad de complementar su accionar con fundamentos que derivan de la ética, el crecimiento económico y el desarrollo humano. 
Se destaca además, que los actores sociales valoran la gestión del conocimiento para fomentar la articulación entre funciones y personas, la competitividad y la sinergia de “gente que atiende gente” en aras de romper fronteras departamentales, mediante la implementación de plataformas tecnológicas que facilitan los procesos de integración para la conectividad, la reducción de costos, tiempos de respuesta y actividades que no aportan valor a la organización, gestionando un espacio interno de información confiable y compartida, que deviene en un sistema neurálgico que convierte data en conocimiento organizacional para una mejor y oportuna toma de decisiones, como estrategia que permea transversalmente la estructura organizacional. También, el hacer gerencia, conviene en la integración organizacional a redes empresariales de cooperación y promoción, que permite compartir y conocer sobre mejores prácticas, así como la promoción de los productos y servicios.
Por tal, los actores sociales evidencian un profundo conocimiento teórico y praxeológico, competentes para orientar su accionar en la creación de valor, desarrollar estrategias que implican el análisis del costo de oportunidad, configurar la estructura organizacional con el apoyo de la departamentalización y tercerización, según represente mejor los intereses de la empresa, al hacer seguimiento y evaluación a las iniciativas emprendidas, recorriendo de esta manera, todas las funciones de la administración desde la planificación, surcando la organización y dirección, hasta atracar en el control, para repetir el ciclo “infinitum”, en pro de mantener la excelencia en los logros obtenidos y hacer perfectible todo aquello que sea pertinente a la misión organizacional.
Por ello, la concepción de gerencia se entreteje como expresión de un acto social, ya que cada entrevistado aporta al tema desde sus dispares maneras de mirar y concebir su mundo, con contestaciones que apenas convergen, empero, el uso intensivo de herramientas gerenciales y una praxis con orientaciones particulares, les hace sustentables y viables a nivel empresarial en un entorno caótico. Así, gerenciar a nivel local, es el desafío de liderar personas para optimizar el uso de recursos escasos y limitados, con la pretensión de satisfacer necesidades en el contexto de la epocalidad venezolana.
En este sentido, se acusa el impacto de la dinámica económica venezolana, que advierte en primer lugar la necesidad de una constante actualización y cumplimiento del marco regulatorio gubernamental, que incide directamente en la estructura de costos y que va limitando significativamente las libertades económicas. Esto, propicia la articulación de prácticas gerenciales no tradicionales que en otras latitudes no tendrían sentido, pero que en Venezuela pudieran significar la diferencia entre la sustentabilidad o el cierre de la organización. De allí, asoman comportamientos éticos que han sido parte reveladora y elocuente en el discurso de los actores sociales, desde lo cual emerge la intencionalidad de desplegar una unidad hermenéutica que atendiera el contexto socio económico venezolano en la pretensión de interpretar y comprender al gerente venezolano en la imbricación con su singular contemporaneidad.
 Así, la primera dimensión macroeconómica que monopoliza la atención de los actores sociales, refiere a los niveles de inflación que se vivencian en Venezuela, quienes desde una ontología positivista, buscan explicación a la existencia del problema que se formula, desde la descripción de sus potenciales causales, entre las cuales exponen: la emisión de dinero inorgánico, como política laxa de las autoridades monetarias, que predispone la desvalorización de la moneda; la baja en el nivel de las reservas internacionales, por menores ingresos petroleros, lo que desestabiliza la correlación en el valor del bolívar fuerte, la contracción del PIB, como resultado de una caída en las importaciones y una disminución en la producción local, lo que dificulta satisfacer los altos niveles de demanda de productos y servicios. Sin embargo, en esta investigación se ha motivado un sentir que propicia la emergencia de una postura reflexiva, que busca horizontes de sentido al interpretar la situación que se ha problematizado, para significar los factores que han sido descritos en atención a configurar un hacer gerencial cónsono con las realidades políticas y económicas del país.  
Luego, es significativo considerar lo recurrente en el discurso de los actores sociales de una segunda distorsión en la economía en Venezuela expresada en términos de escasez, que deviene, según expresan en coherencia con su mirada y abordaje positivista, de una serie de causales tales como: un marco jurídico poco favorable a la libertad económica, que castiga discrecional y excesivamente, a nivel civil y penal, las desviaciones en que incurran los factores económicos de capital privado, lo que propicia el temor del sector disminuyendo la percepción de seguridad jurídica y, por ende, la disposición de aumentar o mantener los actuales niveles de inversión; un control de precios, sin revisión periódica e imparcial de la estructura de costos de las empresas por parte de los funcionarios responsables, que obliga al cese en la producción, pues a las organizaciones se les dificulta operar sin incurrir en pérdida; un control de cambio, con divisas a tasas preferenciales de difícil acceso que, a su vez, propicia las importaciones por parte de quienes logran acceder a ellas, en desmedro de la producción nacional que sufre la competencia desleal.
Adicional, los actores sociales otorgan significancia a fenómenos económicos tales como el desabastecimiento y/o escasez de insumos y/o productos, que pudiera derivarse en parte, en la política de expropiación sobre factores de producción en sectores estratégicos, que han dejado en mano del Estado una cantidad representativa de empresas, muchas de las cuales operan actualmente a una capacidad menor a la esperada. Igualmente, le vinculan con actuaciones discrecionales de funcionarios en procesos de fiscalización que impactan en la planificación presupuestaria, pues algunos costos y/o gastos pudieran no ser reconocidos en la estructura contable, así como en la reducción de importaciones, lo cual guarda relación con la disminución de las divisas asignadas al sector privado, por la caída en los precios del petróleo y la atención a un presupuesto nacional insostenible que requiere constantemente de mayores cantidades de recursos, orientados tanto al gasto social para sostener las  misiones que el gobierno ha desarrollado, como a la constante demanda de divisas para importar desde la iniciativa pública, buscando satisfacer lo que la producción nacional ha dejado de ofertar.
En torno a ello, los actores sociales concatenan inflación y escasez, como distorsiones que se alimentan recíprocamente, y que ellos atribuyen tal bucle recursivo a las actuaciones que paradójicamente despliega el gobierno en su afán de paliar la crisis. La significan en, la creación del nuevo sistema de cambio SIMADI, que posibilita el registro a nivel contable de la tasa que registre el BCV al día de nacionalización de mercancías, para incentivar la importación por parte del sector privado, empero, las constantes adecuaciones al control de cambio deviene en devaluación, en la insatisfacción de la demanda de divisas a través de los sistemas de cambio, así como en la percepción de una planificación financiera poco conservadora y certera  por parte del Estado, lo que amerita una contínua gestión del capital ante las distorsiones económicas. Así, la reducción en los niveles de escasez, requiere el alza de los precios hasta el nivel que refleje las transacciones de importación de insumos o productos realizadas vía SIMADI y/o permita la producción local sin incurrir en pérdida, lo cual redunda reticularmente en índices de inflación, generando un círculo pernicioso que va en oposición a la intencionalidad de las políticas desplegadas por el gobierno que se fundamentan ideológicamente en la protección del salario de la masa trabajadora.
En tanto, la inflación y la escasez, como dimensiones más significativas del acontecer social y económico del país, emergen de una crisis en la gerencia pública, según plantean los actores sociales, mientras que, funcionarios la interpretan como una “guerra económica” por parte del sector privado hacia los intereses de la sociedad, lo que diserta de la ambivalencia en la interpretación y comprensión de la realidad venezolana. Por ello, el abordaje al tema de las ideologías políticas como manera de manejar la hacienda pública y la relación con los gobernados, que se abate entre una postura de crecimiento económico como promulgan los actores sociales y, otra referida al desarrollo humano con intervención del Estado, que lleva adelante el gobierno de turno, en un enfoque de solidaridad, pero que aún no encuentra rutas sustentables y viables, para su determinación.
De allí el alto contenido de emocionalidad, al momento de asomar desde el discurso los frecuentes desafíos que enfrenta la praxis gerencial al significar inquietudes relativas al contexto socio-económico en Venezuela ¿Cómo planificar en entornos caóticos? ¿Cómo satisfacer la demanda y gestionar exitosamente el capital, para no incurrir en pérdidas significativas? Incluso, los actores sociales refieren a cambios societales que perciben en los valores y el sentido del trabajo, ya que las distorsiones económicas ha promovido una atipicidad operativa que monetiza el arbitraje que se presenta en áreas tales como: sobrefacturación de importaciones, reventa a terceros de productos prioritarios que se adquieren a precios regulados, viajes al exterior sin otro fin que ser adjudicados con divisas a tasas preferenciales, entre otros, lo que alude a la emergencia de otras interpretaciones sobre el trabajo, que viene dando prioridad a la racionalidad económica desde el sentido “del querer”, permeada por una manera de mirar postmoderna, exacerbada e incentivada por las políticas macroeconómicas, todo lo cual propicia reacomodos éticos en desmedro “del deber”, asomando inconsistencias entre norma y conducta, pero, que en lo común de la praxis, pasan a ser consideradas como actuaciones permisibles, moviendo los linderos de los valores y generando posturas acomodaticias en una representación significativa de la sociedad.
 Aunado a ello, se evidencia una sensación de miedo ante las potenciales fiscalizaciones por parte de funcionarios, que podrían resultar en sanciones desproporcionadas de acuerdo a la subjetividad del funcionario que actúa, así como el temor a una posible expropiación – confiscación, que derive en la pérdida total de todo aquello que ha sido construido a través de los años. El discurso clama por el diseño e implementación de políticas públicas que fomenten un marco adecuado para la participación de los empresarios, en el crecimiento y el desarrollo de la sociedad.
Complementariamente, se aboga por una disminución en la burocracia, representada en excesivas barreras para la operatividad organizacional, la gran cantidad de requisitos y permisologías, que ralentizan los procesos y podrían fomentar la corrupción. En este aspecto, el Estado coincide con lo expuesto, y de allí las iniciativas de reforma al sector público, tales como la promulgación de la Ley de Simplificación de Trámites Administrativos. Mientras tanto, el Ser gerente se involucra activamente en la comprensión y cumplimiento de lo exigido, al nivel de desarrollar competencias para abordar exitosamente este desafío, tales como la reducción de plazos, en aras de proveer productos y servicios de calidad, antes que los demás, promoviendo la competitividad y viabilidad de sus organizaciones.
En torno al control de precios, los gerentes desde su praxis, pretenden dar respuesta al cómo satisfacer la demanda, sin incurrir en pérdida. Para ello, se articulan estrategias que implican la reducción de costos y gastos, la optimización de los recursos disponibles, la importación de insumos y mercancías, el diseño de productos y servicios innovadores y redituables, la diversificación e incremento de las fuentes de ingresos, fomentando la competitividad y la construcción de una estructura de costos que permita la sustentabilidad y viabilidad organizacional. Es el ejercicio de la gerencia, en su máxima expresión, empoderado en una dinámica solidaria con el talento humano, que valora los conocimientos y aprendizajes organizacionales, en sus aportes al éxito empresarial.
Así, se distingue el gerente venezolano por su comprensión de lo económico y su impacto en lo social, su profesionalismo y una praxis basada en los valores, su disposición en seguir aportando a la sociedad en la generación de empleo, de renta y de oportunidades que incidan en una mayor calidad de vida, el crecimiento económico y el desarrollo humano, de este gran país, Venezuela.
En lo personal, la selección, delimitación y aproximación a la situación de estudio problematizada representó un desafío de varios meses, una incesante búsqueda por la temática que conquistara las fibras de mi Ser y hacer investigativo, visto los meses de consagración a tiempo parcial y total que la empresa requeriría. De allí, que la tesis ha sido orientada a dos de mis grandes pasiones: la praxis gerencial, que se desarrolla en el ámbito de la microeconomía, así como el análisis del contexto socio-económico que es propia de la macroeconomía.
Por su parte, la inmersión, comprensión y desarrollo de la instancia cognitiva tres fue un proceso que consumió unos doce meses aproximadamente, lo que vino a enriquecer mi recorrer investigativo y representa uno de los aportes más significativos que el desarrollo de la tesis ha ejercido en mi, puesto que la asunción de nuevos lentes interpretativos me permitió despojarme del papel de experto en el área gerencial, para otorgar protagonismo a los actores sociales quienes fueron invitados a hablar y aportar sobre la temática, en un ambiente respetuoso, de camaradería y profesionalismo, correspondiéndome el papel de fenomenólogo y hermeneuta, para interpretar y comprender desde las interpretaciones que asomaban en el discurso de los diversos participantes. Más que mirar desde mi cosmovisión, se trató de la empatía, de ponerme en los zapatos de los demás. Tal esfuerzo, requiere humildad y capacidad de asombro, para enriquecerse en las zonas de sentido que se van articulando y construyendo a cada paso
En cuanto a los hallazgos, vivencié diversos estadios de la emocionalidad en los actores sociales, desde el optimismo por las innumerables oportunidades que ofrece un entorno caracterizado por el desabastecimiento y la escasez, hasta la tristeza o angustia por la reducción de puestos de trabajo, la transferencia de operaciones fuera de nuestro país o el deterioro de las variables macroeconómicas que inciden en sectores desfavorecidos de la población. Es el hacer gerencia en consonancia con los postulados axiológicos del Ser gerente, así como con un dimensión humana, una cualidad de la cual no era muy consciente.
Ya en el campo de las coincidencias entre los aportes de los actores sociales, que legitimaron los hallazgos así construidos, el proceso requirió lo mejor de mí y superó mis capacidades, obligándome a ampliar los límites o las fronteras de mis conocimientos. En el desarrollo de la tesis, me he vaciado absolutamente y no he reservado nada. Por ello, la aproximación teórica representa mi mayor esfuerzo y esto me lleva a anhelar, que la misma evidencie competencias y capacidades en el área de la investigación para alcanzar el grado de Doctor en Gerencia, empoderándome así para continuar con investigaciones en otras áreas de mi interés. 

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